Tsunami en Indonesia: “El olor a muerte es insoportable”

El horror se puede oler. Era lo que hacían los familiares que se acercaban el martes a la morgue establecida por la policía de Palu en una callejuela de la localidad. Algunos no podían resistir ese repugnante tufo. Se veían obligados a escupir o a contener las arcadas.El espanto también se puede resumir con una visión. Los agentes habían alineado casi una treintena de cuerpos sobre el asfalto. Los que fueron seres humanos eran ahora despojos hinchados, ennegrecidos y contrahechos. Varias manos petrificadas y barrigas a punto de estallar sobresalían de las bolsas de vivos colores que intentaban ocultar los restos putrefactos.Albert Logianwg se protegía el rostro con un pañuelo. El chaval de 22 años buscaba a su madre, Susan Gosal, de 50, que desapareció cuando su vivienda fue arrasada por el tsunami el pasado viernes.”Vivía con mi padrastro, que también está desaparecido. La casa quedó aplastada y allí no hay nadie. En estos días hemos visitado dos hospitales y ayer me llamó la policía. Tienen aquí muchos cadáveres sin identificar y pensaban que alguno podía ser el suyo. Pero no está”, indicó el muchacho mientras abandonaba el lugar con el rostro descompuesto.Otros residentes de la zona explicaban que habían tenido que desalojarla cuando los uniformados comenzaron a acumular los muertos en esa explanada sita entre viviendas.

“Es insoportable, no se puede respirar”, adujo uno de los vecinos del lugar que se marchaba a la carrera tras recuperar algunos enseres de su domicilio.El estremecedor panorama que se apreciaba en el improvisado depósito de cadáveres tan sólo era un compendio de la catástrofe que ha sacudido a esta metrópoli sita al norte de las Islas Célebes, que a cuatro días de la tragedia sigue lidiando con una situación caótica.Miles de desaparecidosMiles de ciudadanos de Palu seguían buscando este martes a los muchos desaparecidos que dejó este triple suceso -la confluencia de un terremoto, un tsunami y la licuefacción del suelo- que ya ha contabilizado más de 1.400 muertos.La ayuda humanitaria sigue llegando de manera insuficiente para la amplitud de los daños sufridos por la población, donde miles de personas permanecen instaladas en jardines, solares y en cualquier espacio donde pueden extender una esterilla.Desde la ventanilla del avión procedente de Makassar se podían divisar las agrupaciones de tiendas de campaña de las decenas de pequeños campos de desplazados -hay 59.000 según las autoridades- que han surgido en torno a la ciudad. También se podía adivinar que los estragos se han concentrado en la propia Palu y en enclaves muy concretos, donde la furia de la naturaleza alcanzó cotas inusitadas.

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